lunes, 3 de julio de 2017

El aliento para emprender el camino III

Más allá de mis ojos está el espacio sin límites 
y más allá de mis números está el tiempo sin ritmo: Dios.
Con él tengo hecha una cita que se cumplirá.
Dios está allí esperando, 
esperando hasta que llegue perfectamente vestido.
El gran camarada, 
El amante verdadero que yo busco
está allí ¡esperándome!
W. Whitman


Andar como peregrino desde mi comprensión, implica colocarse en un espacio liminar, es decir, caminar en el límite del orden del mundo productivo, pero no sin un objetivo, sino con un sentido de lo sagrado. Así que es importante proponerse una meta, "hacer una cita", sin embargo el sitio a llegar, en el caso del peregrino de Santiago, si bien se ha configurado históricamente, ya no es el lugar lejano que la fantasía religiosa ha creado. Esta cita se cumple en una disposición interior que comienza en cada mañana, antes de echarse a andar y se alcanza al final de la jornada. Llegar a la Catedral de Santiago de Compostela es circunstancial. 

En mi peregrinaje conocí a Franz, un irlandés que había sido capitán en un barco. Había viajado por casi todo el mundo, pero su experiencia del mismo estuvo casi siempre mediada por las máquinas. Dos o tres noches compartimos la cena, y entre poemas, canciones y vino tocamos el tema que a él más le interesaba: el sentido del camino en la actualidad, que no tiene que ver con el efecto devocional o la búsqueda del milagro (1) en parte porque en la peregrinación del Camino de Santiago no se inventan rutas, los caminos son claros y bien señalados y los caminantes quizá creen muy poco en los milagros de los santos y las reliquias religiosas. No se trata, pues, de una caminata estrictamente religiosa. En nuestra charla entró, además, la consideración del factor tiempo. Le decía que, después de que tuve que parar un par de días por una lesión, yo misma había dejado de preocuparme por la fecha de llegada a Santiago, incluso, puesto que tenía el boleto de regreso a México en una fecha precisa, tampoco me acongojaba si llegaría o no, en lo que coincidimos, puesto que ambos caminábamos despacio, así que desde mi perspectiva, al final de cada día, ya había cumplido con mi "cita" por toda la maravilla del mundo que se me ofrecía a la experiencia. Franz, que era un hombre mayor y corpulento, caminaba un poquito más despacio que yo, tenía afectada una pierna lo cual era un obstáculo que se le oponía más cada día; en vista de su propio andar, me dijo que la peregrinación no se cumplía cada jornada, sino a cada paso. Cada paso era ya el lugar de llegada. Pienso que ese es el ánimo del peregrino moderno, que toma a su cargo su propia movilidad, de modo que el esfuerzo de su cuerpo, su cansancio, sus lesiones, son la moneda que paga no por una redención futura, sino por la maravilla de contemplar al mundo desde el límite. Sin embargo, como ya he señalado, en términos prácticos, en el camino se encuentran muy variadas disposiciones, que pueden chocar con  nuestro jubiloso ánimo de contemplación.

Cuando proyectes tu viaje considera el tipo de personas con la que te puedes cruzar. Expondré mis propias observaciones, que no tienen como objetivo hacer juicios (cuando entré al Hospital de las almas en Castrojeriz, una frase llamó mi atención: "Quien ama no tiene tiempo de juzgar"), sino ubicar el tipo de estrategia a seguir de acuerdo con el objetivo que se propongan y el tipo de circunstancias que se pueden llegar a enfrentar.

De manera genérica, se puede comprender al peregrino moderno, en los términos que ya he descrito, el cual dispone de una amplio lapso de tiempo para caminar, quien generalmente inicia su camino desde la primera etapa... o desde su casa. En esa circunstancia conocí a Pascal, quien salió de Ginebra en Suiza caminando desde el 2 de febrero, para el 30 de abril, lo encontré en Finisterra y seguiría caminando hacia Portugal. Insisto, se trata de personas que hacen el camino con fines espirituales, que pueden ser religiosas o no, pero se pueden identificar dos características claras: se aferran a la movilidad de su cuerpo (¡nunca aceptarán treparse a un vehículo!) y llevan un ánimo contemplativo.

Dadas las características básicas de los peregrinos, se distingue de inmediato al turismo local, puesto que el peregrino se toma su tiempo, aunque lleve un nivel de marcha veloz, respecto a la prisa que parece tener el turista por "abarcar más camino". Pero no lo tomemos a mal, puesto que "tiene poco tiempo" se trata de personas que se toman generalmente los fines de semana largos o períodos vacacionales más bien cortos. Los peregrinos casi siempre viajan solos o en parejas. En cambio el turismo viaja en grandes grupos, sea en familia o con amigos del trabajo. Dado que el ritmo de la marcha en general nos pone en contacto, es frecuente que se escuche su ánimo festivo y sus conversaciones, que son entorno a los problemas de familia y peor aún, que estén haciendo descarga de los problemas del trabajo, en un fluido diarréico de palabrotas, que al principio puede incrementar el propio acervo, pero después de un cuarto de hora, se instalan como auténtico ruido estridente de ciudad. También hay turismo extranjero, para quienes caminar no es lo más importante. Conocí a dos chicas muy divertidas de Sudáfrica, frente a la lluvia preferían tomar el autobús, cuestión complicada en algunas etapas, en las cuales no hay transporte constante o directo a la siguiente etapa. Con la dificultad del lenguaje y la realidad de estar en un pueblo más que en una ciudad, expresaban una gran frustración por no tener certeza de las corridas de autobús y un total rechazo a caminar bajo la lluvia, además de que el albergue no las iba a acoger más allá de las ocho de la mañana. El turismo en general, busca los lugares de diversión y disfrutar de la deliciosa gastronomía, que sí que abunda en el Camino. Algunos, si no encuentran los locales de diversión, intentarán generarlos. Casi al final del camino me encontré con un compatriota, tenía pocos días caminando y no había encontrado la fiesta que deseaba, en el albergue sólo estábamos Jean, una chica francesa, él y yo. La regla de todos los albergues es apagar las luces a las 10:00 p.m. y dormir. Él nos dijo "¡pero los mexicanos nos saltamos las reglas!" Afortunadamente ni Jean, ni yo teníamos el ánimo de pasar de largo por la norma y nos dormimos. El chico se hizo su fiesta con cigarros y cerveza en el baño. Vaya fiesta.

Insisto, para el peregrinar, el camino tiene su propia cadencia, y aunque haya peregrinos veloces y otros más lentos, el objetivo del día no es llegar al fin de la etapa o a un lugar preciso, sino andar el camino. El turista tiene que llegar y confirmar que las cosas (que ha visto en televisión o en publicidad) efectivamente existen, el camino no es tan de su interés (¡a quién con tan poco tiempo le puede interesar el silencio del campo y los largos valles sin edificios!). Lo que importa es llegar y visitar algún lugar. En el caso del turismo local, para poder llegar y ver, se aceleran mucho por la mañana, antes de dejar el albergue, así que prepárate porque no te dejarán dormir, y por la noche, como tienen el ritmo de la vida cotidiana (muy diferente a quienes viajamos de remotas tierras con ocho horas de diferencia horaria) difícilmente se dormirán a las 10:00 p.m., dado que de suyo en España la noche es larga, lo que les quedará es mantener las pantallas de sus celulares encendidas o sostener largas conversaciones telefónicas. El turista extranjero busca jaleo. Una mujer koreana trataba de convencer a los compañeros que hizo en el camino de buscar en León un lugar para ir a bailar. Ellos eran muy jóvenes, un músico francés y una chica alemana, que tenían ánimo de peregrinos, le bromearon mucho, pero no los convenció. La dinámica del Camino que no es otra sino caminar, hace que tal turismo se ajuste a las reglas y se entregue a otra actividad fundamental del camino ¡dormir!

Es un poco complicado hacer turismo en el camino porque no se sabe a qué hora precisa llegarás a una ciudad. Tal es otra característica de la posición liminar del camino. El mundo productivo sigue su propia cadencia y el tiempo es la marca fundamental de ello. Por eso, si se desea hacer turismo, es necesario informarse antes de los lugares que se desea conocer y consultar horarios.

En la ruta del Camino se encuentran monasterios e iglesias preciosas, que valen la pena de quedarse detenido en plan turista, puesto que tanto esos edificios como los museos están cerrados al medio día, y generalmente tienen horarios muy estrechos para los caminantes. Es necesario considerar la estructura de la jornada para planificar las visitas que se desean hacer: En principio, los albergues abren (reciben) después de las 14 o 16 horas (lo cual es muy importante, pues no hay otro lugar dónde dejar las mochilas y no entran en los recintos a visitar, a veces ni a las tiendas) y echan fuera a los peregrinos a las 8:00 a.m.; en segundo lugar, los horarios en los lugares de interés, en general, van de 11:00 a 13:00 horas y de 16:00 a 18:00.

Hay otro tipo de caminante, también frecuente: quien toma el camino como reto deportivo. Para ellos el descanso es muy importante, pero serán los primeros en salir. No se les ve ni el polvo. Compartí con uno de ellos el albergue de San Juan de Ortega, un albergue enorme para nosotros dos solitos. Estaba muy orgulloso de sus marcas y me miraba casi con desdén. En la conversación mencioné que había corrido dos spartans, y su actitud cambió. A partir de ese momento fui su camarada. Pero como digo, a este género de caminantes se le avista una sola vez. Y así está muy bien, indica que están sobre su objetivo y que no han tenido lesiones, riesgo mayor entre quienes avanzan a toda velocidad.

Sin duda está el peregrino religioso, quien buscará participar en las bendiciones. Si tal es el caso, es importante poner atención a la misa de peregrinos, que generalmente se da a las 7:00 p.m. Es necesario mencionar antes de que se oficie la misa que se está presente en plan de peregrino, para que se diga su nombre durante el ritual y para que al final, el oficiante haga el signo de la cruz en la frente del peregrino. No está de más anotar aquí que no es necesario ser católico para recibir la bendición. y aprovecho para informar, que la bendición no es un sacramento. La comunión sí lo es, de modo que si no se es católico no se comulga. Ya contaré una divertida historia al respecto.        



1. Más cercano a la tradición actual en Chimayó, donde la gente acude por la tierra milagrosa, y las peregrinaciones a Guadalupe o Juquila.

martes, 27 de junio de 2017

El aliento para emprender el camino II

En la entrada anterior señalé que mi intención de hacer El Camino era peregrinar, ¿qué significa esto? Cabe detenerse en la comprensión del concepto. Cuando se utiliza la palabra peregrino como adjetivo, generalmente se aplica a algo que va de un lugar a otro, sin ninguna precisión, como cuando tenemos una "idea peregrina". O bien, sólo vivir,  como cuando decimos: la vida es un peregrinaje, un estado de tránsito que terminará con la muerte. Sin embargo, el concepto, de suyo es complejo, y cuando lo abrazamos de manera personal cobra una significación muy particular. Así que introduzcámonos a él con el recurso de su significado canónico. Nos informa Le Breton: "El término peregrinus significa 'el extranjero', aquel que se encuentra lejos de casa, confrontado a un mundo carente de familiaridad" (2011:145). En buena medida, ese significado refiere a un salir de sí, lo cual tiene implicaciones epistemológicas de las cuales ya me ocuparé en otro lado, lo que a mi me movió intensamente a partir de la exposición del antropólogo francés fue el modo en que el acto particular de caminar (con los desasosiegos que lleva andar como "extranjero" por los caminos) configura la santidad de un lugar. La descripción de los sentimientos que una experiencia de ese tipo puede generar es muy atractiva. En sus palabras:

"La angustia de lo desconocido lo acompaña como su sombra, a pesar de que los albergues en que se le acoge marquen bien su camino. Durante ese largo trayecto, cada día es un milagro ordinario puesto que al caminar por la gloria de Dios espera Su infalible protección. Cada día se produce el mismo don de sí a Dios, y la marcha concluye bajo el halo de la luz divina". (Le Breton, 2011:146).


El caminar en aras de lo sagrado, tuvo presencia en las más influyentes civilizaciones de la historia de la humanidad: Grecia y el pueblo Hebreo (Le Breton, 2011:145). Jerusalén se constituyó como destino desde 586 a. C. El pueblo exiliado debía retornar a su lugar sagrado, al menos una vez, ya en la Pascua o en los Tabernáculos. En la tradición cristiana, la peregrinación, desde mi lectura, tiene múltiples facetas. En el México católico, por ejemplo, se trata de un acto colectivo: las peregrinaciones son multitudinarias o no son, porque si se hicieran de otra manera, no serían visibles, reconocibles a lo demás(1). En ellas, los caminos se recorren en colectivo y así se resuelven las dificultades (que son muchas) que se pueden enfrentar. Sí se trata de mostrar la devoción, pero no se admite a un individuo solitario y silencioso. La peregrinación mexicana requiere de algarabía y el mundo lo sabe, ya les contaré lo que me encontré en el camino cuando supieron mi nacionalidad. Regresando a mi punto, desde la perspectiva del cristianismo tradicional, particularmente medieval, se trata de una experiencia personal: el peregrino enfrenta los desafíos de la caminata por un objetivo, aunque el milagro por el cual se acuda a un lugar santo sea para otra persona, o su peregrinación como "acción de gracias" sea en nombre de alguien más, tanto el tránsito como la llegada al lugar, requieren de un esfuerzo particular. En ese sentido, la diferencia entre el peregrino cristiano y el hebreo es que mientras éste regresa con el deber de reconstituir el sentido de su relación con Dios, el primero sale de su casa (y todo lo que eso implica) a un lugar que se ha configurado en su fantasía. No va a un lugar desconocido (aunque nunca haya estado ahí), se dirige hacia un sitio que ya se ha figurado por completo en su mente y en su ánimo espiritual. Observemos a Helena de Bizancio, para ilustrar esta idea.

En el año 327, la madre del emperador Constantino hizo su peregrinaje a Jerusalén. Esta mujer de dudosa extracción pero de gran ardor cristiano (2), se había nutrido de la fuerza de la palabra que generó en su mente todo un mundo con una realidad irrefutable que impulsó su ánimo para encaminarse a una tierra que se consideraba Santa por la autoridad de un hombre-Dios que caminó por ahí. Se debe tener en cuenta que es con su hijo Constantino el Grande (y por la intervención de ella) que el cristianismo se volvió oficial, en un momento en que el mismo emperador tenía más fe en Mitra que en Jesús de Nazaret (3). Sus actos, por más  crueles y descabellados que parezcan a la distancia, dan prueba de la fuerza de la oralidad (la palabra que se transmite oralmente y pega fuerte en el ánimo de los oyentes) que le dio la certeza de la existencia de lugares sagrados específicos, tales como el pesebre de Belén, el monte de los olivos, o de objetos como la cruz, los clavos, etc.

Ahora bien, no es que Helena inaugurara la imagen del peregrino, el que toma alforja y capa para andar por los caminos polvorientos. Seguramente, como un siglo después la griega Atenais (también emperatriz), viajó con toda la pompa de su jerarquía, lo que me interesa resaltar es que con su peregrinación forjó un mundo. Tenemos, pues, que con todo el poder de una emperatriz se fue a Jerusalén a buscar reliquias y ¿qué encontró? Un grupo de rabinos atónitos con sus demandas. El historiador del cristianismo Christoph Markschies dibuja claramente el carácter local de la existencia de Jesús, cuando dice que su radio de acción se puede recorrer fácilmente en una tarde. Se trata de un galileo sin formación, cuya fama recaía más en el relato de quienes lo conocieron, que entre las autoridades de la ciudad principal. En ese sentido, Jerusalén en un inicio es un centro de partida de donde se reparten los que han de llevar el mensaje del Mesías (4).

Sin embargo, la fuerza del relato cristiano tomó tal magnitud que Helena, una mujer que aparece en el mundo saliendo de la ignominia con una certeza que le sostiene y le lleva a alcanzar tremendas cimas, no iba a aceptar la imagen precaria de un Cristo que no deja huella de su existencia y su martirio. Así que su exigencia de hacer aparecer la cruz, con todo y sus violentos ánimos (5), son reflejo de esa idea enquistada y ardorosa que se forjó en ella. Al final, como resultado de su visita, se configuró una Jerusalén como destino, no únicamente por las reliquias y la cantidad de iglesias que Helena dejó a su paso, sino por la carga de significado que no ha dejado de atraer a los peregrinos, que llegan de diversas formas.

Enfáticamente, en la modernidad, el lugar sagrado no tiene de suyo la santidad, sino que la adquiere por el impulso de quien lo toma como meta. En los primeros siglos del cristianismo, y después de la desolación que causó Adriano en la zona al exiliar a los judíos, Jerusalén tenía una marisma de cultos, prostitución y comercios. Un ajetreo muy diferente de lo que se esperaría de un lugar santo (me estoy figurando, como contraste, un lugar de meditación, como los monasterios), y sin embargo Melania y Jerónimo, por ejemplo, caminaron hacia allá buscando la santidad y la encontraron.


1. Rebecca Solnit dedica un capítulo de su libro Wanderlust al peregrinaje cristiano, en particular a la peregrinación a Chimayó en Nuevo México, en el cual condensa una idea que se aplica a la peregrinación independientemente de su momento histórico: "Peregrinar unifica creencia con acción, pensar con hacer, y tiene sentido que esta armonía se logre cuando lo sagrado tiene presencia material y lugar" (2015:86). Cuando nos narra su experiencia en la peregrinación de Chimayó, podemos identificar muchos rasgos de las peregrinaciones mexicanas.

2. Se rumora que fue hija de un sirviente e incluso que habría ejercido la prostitución. Es probable que haya sido concubina del militar Constancio Cloro, más que su esposa, pues no hay evidencia de su divorcio, aunque fue repudiada por éste para casarse con la hija del emperador Maximiano. Siguió las doctrinas de un "carismático orador" Luciano de Antioquía, convirtiéndose a un cristianismo férreo, que afirmado como la fe verdadera le dio las armas para vengarse de la aristocracia que la había rechazado (Castellanos, 2008:102-103).

3. El historiador Peter Brown nos informa sobre el ambiente espiritual de esta época, en que si bien el cristianismo ciertamente no era una nueva religión, muchas religiones convivían con la convicción de unos dioses que actuaban en el mundo: "Así pues, religio podía ser tanto un graffito en una pared de Ostiacon el texto <<Hermes, buen amigo, seme propicio>>, como la orden de una sacerdotisa egipcia, en la que se le exhorta a acudir al templo del lugar <<para realizar los sacrificios habituales por nuestros señores los emperadores y sus victorias, por la crecida del Nilo, el incremento de las cosechas y el saludable equilibrio del clima>>" (1997:30).

4. Si bien el primer exilio de los judíos por Nabucodonosor marcó a Jerusalén como destino de peregrinaje, su importancia osciló según varias épocas, nos dice Markchies: "La significación real de este centro ideal de la Cristiandad regresó temporalmente sólo después de que Jerusalén fuera totalmente arrasada por tropas romanas en 70 y 132-135 d.C., debido a las dos sublevaciones judías, y les fuera prohibido a los judíos la entrada a la ciudad reconstruida como Aelia Capitolina. A pesar de ello, se sostuvo en muchos círculos que la venida de Cristo al final de los tiempos tendría lugar en Jerusalén, en el monte Sión." (2001:3).

5. Se dice que cuando Helena llamó a los rabinos de la ciudad para preguntarles sobre el lugar de la crucifixión y el paradero de la cruz, ellos no supieron qué decir. Ante lo cual ella ordenó quemarlos vivos (Castellanos, 2008:110).

miércoles, 21 de junio de 2017

El aliento para emprender el camino

"La cambiante Historia del Caminar es inseparable del cambiante gusto 
por los lugares por los cuales caminar"
Rebecca Solnit

Decidirse a hacer el Camino de Santiago no es un impulso espontáneo, ni del todo lógico o natural. En el ánimo de todo peregrino hay algo más que un acto espontáneo de la voluntad. Y aunque se trata de una motivación muy individual, tenemos qué considerar cuál es la nuestra y la multiplicidad de motivaciones que pueden tener las demás personas con las que nos encontraremos; preguntarnos qué nos anima a nosotros, pero también poner en perspectiva otras motivaciones nos puede poner a salvo de ciertas frustraciones.

Plantearnos estos cuestionamientos nos permitirá tomar decisiones sobre aquellas cosas que vamos a proyectar (como equipo y recursos) así como prepararnos con lo que nos encontraremos durante la marcha. Al respecto no deseo evaluar la disposición que cada uno adopta, transmitiré lo que me animó a mi, sin embargo, para ir generando los contrastes, también expondré  aquellas cosas que encontré, tanto cuando comencé a elaborar mi plan, como en el transcurso del camino. Pues, como se verá, a veces un libro, una película o la publicidad fueron el resorte para los que nos animamos a hacer el camino.


Para mi caminar, no como la necesidad de transitar de un lugar a otro sino como un fin en sí mismo, ya sea de modo terapéutico o por puro placer, es un impulso que me viene de familia, sobre el cual reflexionaba poco pero buscaba constantemente. De modo que cuando en el 2014, en una librería de Tlalpan, a la que llegué sólo porque adoro caminar por esas calles, encontré el texto de David Le Bretón "Caminar: un elogio" me sentí arrobada de inmediato. En particular el capitulo "Espiritualidades de la marcha" se concentra en una forma de caminar que me interesó: la doble dimensión de caminar como exiliado del mundo a la par de ser un acto sagrado. 

La sensación de caminar como un exiliado del mundo la había rozado, cuando en la juventud tuve desasosiegos espirituales que no me dejaban dormir y esperaba a que rayara el alba para salir a caminar. Mi ruta estaba trazada por los caminos urbanos que iban de la unidad el Rosario al centro de Azcapotzalco, con los que indudablemente uno podría encontrar un punto de partida y otro de llagada, y sentirse más o menos a salvo de los extravíos, sin embargo la errancia interior estaba abierta. Por eso al leer a Le Bretón me di cuenta de qué es lo que hacía entonces: Peregrinar, en el sentido espiritual y quizá más moderno que en la época medieval (cuando se cumplía una promesa para pedir un milagro), no se trata de seguir una ruta para llegar a algún lugar. Tampoco se trata de "alejarse del mundo". El antropólogo francés nos plantea el peregrinar como un estar en el mundo y al mismo tiempo al margen. El plus, lo que quizá yo me había perdido, es que con el caminar se va configurando la sacralidad del lugar al que se quiere llegar.

Le Bretón nos expone el peregrinar como un acercamiento a los dioses desde diferentes tradiciones. Es interesante el planteamiento de la necesidad humana registrada desde civilizaciones antiguas, pero lo que marcó mi atención fue la manera en que, contrastando, el autor colocó la marcha como búsqueda espiritual en las tradiciones orientales, frente a la peregrinación occidental, en particular la de Santiago de Compostela. En tal capítulo, el autor me puso "en el camino" de la búsqueda bibliográfica y después de leer el "Diario del Peregrino Ruso", supe que era una experiencia que no me iba a perder. 

Así pues, me propuse hacer el camino como peregrina, lo cual implicó para mi interiorizar el concepto y proyectarlo según mis recursos: tanto de fuerza física como de tiempo y dinero. Puede parecer poca cosa, nada como echarse a caminar una mañana, pero si consideramos cuestiones como el punto de partida, los recorridos a cubrir para llegar al inicio del camino, las jornadas que se seguirán continuamente, la cosa se va complicando. Ser peregrina no es lo  mismo que ser turista. Se parece a ser expedicionario, pero no podemos autoengañarnos y figurarnos que nos estamos adentrando en una "mundo natural". Por el contrario. El camino de Santiago está en el centro de la civilización, y aún los campos yermos, en donde la brisa peina como en suaves olas a la hierba que crece, ahí esta la civilización en todo su esplendor. Más vale cobrar conciencia de la historicidad que el Camino tiene, saber que se está hollando un sendero transitado por miles de hombres de estos y otros  tiempos, que la mayoría de esos terrenos tienen un propietario particular, o son protegidos por el Estado, por lo que no se puede acampar en cualquier lado... O como vi hacer a una jovencita, atravesar la zanja y destruir los brotes recién plantados. 


viernes, 19 de mayo de 2017

Mi Camino de Santiago

No soy una experta en el camino, soy una peregrina más entre miles, entre los cuales hay quienes han hecho más de un camino. Yo apenas he hecho mi primer camino desde la ruta Jacobea, en la primavera del 2017 y deseo transmitir mi experiencia desde su preparación, esperando sea de utilidad para quienes proyectan hacerlo, aunque debo hacer algunas advertencias. 
A pesar de que me gustaría mucho transmitir mis vivencias a nivel espiritual, la cosa es más que complicada porque cada uno vive su propio camino, aunque se identifiquen nuestras motivaciones. De las motivaciones específicas, propias y de los compañeros del Camino, haré una entrada particular; sin embargo, se debe hacer referencia al objetivo general que se tiene cuando se proyecta el camino, justamente para hacer una planeación lo más adecuada posible. 
Otra precaución que se debe advertir, es que el Camino de Santiago tiene diferentes rutas. La ruta que yo hice fue la llamada "Camino Francés", porque nace en los alpes franceses, aunque yo arranqué en Pamplona. Con esto quiero decir, que hablando geográficamente, tampoco hay un sólo camino, y las acciones prácticas que voy a transmitir, tienen que ver con esta ruta en específico. Asimismo, los lugares cambian de estación en estación, por lo que se debe estar muy atento a la temporada en que se desea hacer el camino. En este sentido, consideremos que el camino es algo vivo, que tiene sus transformaciones, y los consejos que puedo transmitir, tienen que ver con la particularidad del viaje que hice. Por ejemplo, este año, llovió muy poco. Conocí a unos viajeros que habían hecho el mismo camino un año anterior y que me advertían de peligros que yo apenas puede percibir.
Así pues, poco a poco, iré alimentando este blog con la notas que tomé en la ruta, tratando de brindar consejos prácticos, tal como me han solicitado mis amigos, y en la medida de lo posible, las experiencias que enriquecieron mi espíritu en esta aventura de caminar como acto sagrado.