lunes, 3 de julio de 2017

El aliento para emprender el camino III

Más allá de mis ojos está el espacio sin límites 
y más allá de mis números está el tiempo sin ritmo: Dios.
Con él tengo hecha una cita que se cumplirá.
Dios está allí esperando, 
esperando hasta que llegue perfectamente vestido.
El gran camarada, 
El amante verdadero que yo busco
está allí ¡esperándome!
W. Whitman


Andar como peregrino desde mi comprensión, implica colocarse en un espacio liminar, es decir, caminar en el límite del orden del mundo productivo, pero no sin un objetivo, sino con un sentido de lo sagrado. Así que es importante proponerse una meta, "hacer una cita", sin embargo el sitio a llegar, en el caso del peregrino de Santiago, si bien se ha configurado históricamente, ya no es el lugar lejano que la fantasía religiosa ha creado. Esta cita se cumple en una disposición interior que comienza en cada mañana, antes de echarse a andar y se alcanza al final de la jornada. Llegar a la Catedral de Santiago de Compostela es circunstancial. 

En mi peregrinaje conocí a Franz, un irlandés que había sido capitán en un barco. Había viajado por casi todo el mundo, pero su experiencia del mismo estuvo casi siempre mediada por las máquinas. Dos o tres noches compartimos la cena, y entre poemas, canciones y vino tocamos el tema que a él más le interesaba: el sentido del camino en la actualidad, que no tiene que ver con el efecto devocional o la búsqueda del milagro (1) en parte porque en la peregrinación del Camino de Santiago no se inventan rutas, los caminos son claros y bien señalados y los caminantes quizá creen muy poco en los milagros de los santos y las reliquias religiosas. No se trata, pues, de una caminata estrictamente religiosa. En nuestra charla entró, además, la consideración del factor tiempo. Le decía que, después de que tuve que parar un par de días por una lesión, yo misma había dejado de preocuparme por la fecha de llegada a Santiago, incluso, puesto que tenía el boleto de regreso a México en una fecha precisa, tampoco me acongojaba si llegaría o no, en lo que coincidimos, puesto que ambos caminábamos despacio, así que desde mi perspectiva, al final de cada día, ya había cumplido con mi "cita" por toda la maravilla del mundo que se me ofrecía a la experiencia. Franz, que era un hombre mayor y corpulento, caminaba un poquito más despacio que yo, tenía afectada una pierna lo cual era un obstáculo que se le oponía más cada día; en vista de su propio andar, me dijo que la peregrinación no se cumplía cada jornada, sino a cada paso. Cada paso era ya el lugar de llegada. Pienso que ese es el ánimo del peregrino moderno, que toma a su cargo su propia movilidad, de modo que el esfuerzo de su cuerpo, su cansancio, sus lesiones, son la moneda que paga no por una redención futura, sino por la maravilla de contemplar al mundo desde el límite. Sin embargo, como ya he señalado, en términos prácticos, en el camino se encuentran muy variadas disposiciones, que pueden chocar con  nuestro jubiloso ánimo de contemplación.

Cuando proyectes tu viaje considera el tipo de personas con la que te puedes cruzar. Expondré mis propias observaciones, que no tienen como objetivo hacer juicios (cuando entré al Hospital de las almas en Castrojeriz, una frase llamó mi atención: "Quien ama no tiene tiempo de juzgar"), sino ubicar el tipo de estrategia a seguir de acuerdo con el objetivo que se propongan y el tipo de circunstancias que se pueden llegar a enfrentar.

De manera genérica, se puede comprender al peregrino moderno, en los términos que ya he descrito, el cual dispone de una amplio lapso de tiempo para caminar, quien generalmente inicia su camino desde la primera etapa... o desde su casa. En esa circunstancia conocí a Pascal, quien salió de Ginebra en Suiza caminando desde el 2 de febrero, para el 30 de abril, lo encontré en Finisterra y seguiría caminando hacia Portugal. Insisto, se trata de personas que hacen el camino con fines espirituales, que pueden ser religiosas o no, pero se pueden identificar dos características claras: se aferran a la movilidad de su cuerpo (¡nunca aceptarán treparse a un vehículo!) y llevan un ánimo contemplativo.

Dadas las características básicas de los peregrinos, se distingue de inmediato al turismo local, puesto que el peregrino se toma su tiempo, aunque lleve un nivel de marcha veloz, respecto a la prisa que parece tener el turista por "abarcar más camino". Pero no lo tomemos a mal, puesto que "tiene poco tiempo" se trata de personas que se toman generalmente los fines de semana largos o períodos vacacionales más bien cortos. Los peregrinos casi siempre viajan solos o en parejas. En cambio el turismo viaja en grandes grupos, sea en familia o con amigos del trabajo. Dado que el ritmo de la marcha en general nos pone en contacto, es frecuente que se escuche su ánimo festivo y sus conversaciones, que son entorno a los problemas de familia y peor aún, que estén haciendo descarga de los problemas del trabajo, en un fluido diarréico de palabrotas, que al principio puede incrementar el propio acervo, pero después de un cuarto de hora, se instalan como auténtico ruido estridente de ciudad. También hay turismo extranjero, para quienes caminar no es lo más importante. Conocí a dos chicas muy divertidas de Sudáfrica, frente a la lluvia preferían tomar el autobús, cuestión complicada en algunas etapas, en las cuales no hay transporte constante o directo a la siguiente etapa. Con la dificultad del lenguaje y la realidad de estar en un pueblo más que en una ciudad, expresaban una gran frustración por no tener certeza de las corridas de autobús y un total rechazo a caminar bajo la lluvia, además de que el albergue no las iba a acoger más allá de las ocho de la mañana. El turismo en general, busca los lugares de diversión y disfrutar de la deliciosa gastronomía, que sí que abunda en el Camino. Algunos, si no encuentran los locales de diversión, intentarán generarlos. Casi al final del camino me encontré con un compatriota, tenía pocos días caminando y no había encontrado la fiesta que deseaba, en el albergue sólo estábamos Jean, una chica francesa, él y yo. La regla de todos los albergues es apagar las luces a las 10:00 p.m. y dormir. Él nos dijo "¡pero los mexicanos nos saltamos las reglas!" Afortunadamente ni Jean, ni yo teníamos el ánimo de pasar de largo por la norma y nos dormimos. El chico se hizo su fiesta con cigarros y cerveza en el baño. Vaya fiesta.

Insisto, para el peregrinar, el camino tiene su propia cadencia, y aunque haya peregrinos veloces y otros más lentos, el objetivo del día no es llegar al fin de la etapa o a un lugar preciso, sino andar el camino. El turista tiene que llegar y confirmar que las cosas (que ha visto en televisión o en publicidad) efectivamente existen, el camino no es tan de su interés (¡a quién con tan poco tiempo le puede interesar el silencio del campo y los largos valles sin edificios!). Lo que importa es llegar y visitar algún lugar. En el caso del turismo local, para poder llegar y ver, se aceleran mucho por la mañana, antes de dejar el albergue, así que prepárate porque no te dejarán dormir, y por la noche, como tienen el ritmo de la vida cotidiana (muy diferente a quienes viajamos de remotas tierras con ocho horas de diferencia horaria) difícilmente se dormirán a las 10:00 p.m., dado que de suyo en España la noche es larga, lo que les quedará es mantener las pantallas de sus celulares encendidas o sostener largas conversaciones telefónicas. El turista extranjero busca jaleo. Una mujer koreana trataba de convencer a los compañeros que hizo en el camino de buscar en León un lugar para ir a bailar. Ellos eran muy jóvenes, un músico francés y una chica alemana, que tenían ánimo de peregrinos, le bromearon mucho, pero no los convenció. La dinámica del Camino que no es otra sino caminar, hace que tal turismo se ajuste a las reglas y se entregue a otra actividad fundamental del camino ¡dormir!

Es un poco complicado hacer turismo en el camino porque no se sabe a qué hora precisa llegarás a una ciudad. Tal es otra característica de la posición liminar del camino. El mundo productivo sigue su propia cadencia y el tiempo es la marca fundamental de ello. Por eso, si se desea hacer turismo, es necesario informarse antes de los lugares que se desea conocer y consultar horarios.

En la ruta del Camino se encuentran monasterios e iglesias preciosas, que valen la pena de quedarse detenido en plan turista, puesto que tanto esos edificios como los museos están cerrados al medio día, y generalmente tienen horarios muy estrechos para los caminantes. Es necesario considerar la estructura de la jornada para planificar las visitas que se desean hacer: En principio, los albergues abren (reciben) después de las 14 o 16 horas (lo cual es muy importante, pues no hay otro lugar dónde dejar las mochilas y no entran en los recintos a visitar, a veces ni a las tiendas) y echan fuera a los peregrinos a las 8:00 a.m.; en segundo lugar, los horarios en los lugares de interés, en general, van de 11:00 a 13:00 horas y de 16:00 a 18:00.

Hay otro tipo de caminante, también frecuente: quien toma el camino como reto deportivo. Para ellos el descanso es muy importante, pero serán los primeros en salir. No se les ve ni el polvo. Compartí con uno de ellos el albergue de San Juan de Ortega, un albergue enorme para nosotros dos solitos. Estaba muy orgulloso de sus marcas y me miraba casi con desdén. En la conversación mencioné que había corrido dos spartans, y su actitud cambió. A partir de ese momento fui su camarada. Pero como digo, a este género de caminantes se le avista una sola vez. Y así está muy bien, indica que están sobre su objetivo y que no han tenido lesiones, riesgo mayor entre quienes avanzan a toda velocidad.

Sin duda está el peregrino religioso, quien buscará participar en las bendiciones. Si tal es el caso, es importante poner atención a la misa de peregrinos, que generalmente se da a las 7:00 p.m. Es necesario mencionar antes de que se oficie la misa que se está presente en plan de peregrino, para que se diga su nombre durante el ritual y para que al final, el oficiante haga el signo de la cruz en la frente del peregrino. No está de más anotar aquí que no es necesario ser católico para recibir la bendición. y aprovecho para informar, que la bendición no es un sacramento. La comunión sí lo es, de modo que si no se es católico no se comulga. Ya contaré una divertida historia al respecto.        



1. Más cercano a la tradición actual en Chimayó, donde la gente acude por la tierra milagrosa, y las peregrinaciones a Guadalupe o Juquila.